Con el aumento del costo de vida, la dificultad para conseguir empleo estable y el avance de la informalidad, muchos extranjeros que viven en Argentina aseguran que trabajar ya no alcanza para cubrir gastos básicos. Lo que antes era visto como una oportunidad de progreso, hoy aparece cada vez más asociado a sacrificio, precariedad y falta de ahorro.
A pesar de jornadas laborales extensas, muchos inmigrantes aseguran que sus ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas como vivienda, alimentación y transporte. Esta realidad marca un cambio respecto de años anteriores, cuando el país era visto como una oportunidad concreta de progreso.
La falta de empleo formal es uno de los principales obstáculos. Sin acceso a trabajos registrados, los migrantes quedan expuestos a condiciones laborales más vulnerables, sin protección social ni estabilidad económica.
Además, la inflación constante erosiona rápidamente cualquier ingreso, lo que agrava la sensación de estancamiento. Incluso quienes logran insertarse en el mercado laboral formal enfrentan dificultades para sostener su nivel de vida.
En este escenario, el esfuerzo diario no se traduce en mejoras concretas, y la idea de progreso comienza a diluirse frente a una realidad marcada por la incertidumbre y la precariedad.




