Bolivia puso fin al régimen de tipo de cambio fijo que mantenía desde 2011 y comenzó a aplicar un sistema de flotación cambiaria. La decisión busca enfrentar la escasez de divisas y estabilizar la economía en medio de la crisis más profunda que atraviesa el país en las últimas décadas.
El nuevo esquema establece que el valor del dólar será determinado por la oferta y la demanda, bajo la supervisión del Banco Central de Bolivia. Con esta medida, el tipo de cambio oficial pasó de 6,96 bolivianos por dólar a una cotización inicial cercana a los 9,73 bolivianos, lo que representa una depreciación de la moneda nacional.
El Gobierno sostiene que la flexibilización permitirá unificar el mercado cambiario, fortalecer la estabilidad macroeconómica, mejorar la competitividad de las exportaciones y contribuir al equilibrio de la balanza de pagos. La medida también busca reducir las distorsiones generadas por la coexistencia de distintos tipos de cambio y recuperar la confianza de los inversores.
La decisión se produce en un contexto de escasez de dólares, caída de las reservas internacionales y negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para acceder a un programa de financiamiento. Durante los últimos meses, la falta de divisas impulsó el crecimiento del mercado paralelo, donde el dólar llegó a cotizar muy por encima del valor oficial.
Si bien economistas consideran que el nuevo régimen puede contribuir a ordenar el mercado cambiario y favorecer el ingreso de divisas, también advierten que su éxito dependerá de la recuperación de las reservas internacionales y de la aplicación de otras políticas económicas que permitan contener la inflación y sostener la estabilidad financiera del país.




