Pero ese escenario empezó a cambiar en un contexto marcado por el aumento del costo de vida, la caída del consumo y mayores exigencias para acceder a beneficios o regularizar la permanencia.

Para muchas familias, vivir en Argentina ya no garantiza el mismo respaldo económico que antes, especialmente cuando los ingresos no alcanzan para cubrir alquiler, alimentos, transporte y servicios.

A eso se suman nuevas reglas y controles migratorios que modifican las condiciones de acceso a ciertos servicios y programas, sobre todo para quienes no cuentan con residencia permanente o documentación regularizada.

El resultado es un cambio de época: migrar a Argentina ya no asegura alivio económico, y cada vez más familias deben replantear sus expectativas frente a un país más caro y con menos margen de contención.

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