El presidente boliviano, Rodrigo Paz, obtuvo respaldo en solo dos de las nueve gobernaciones en disputa durante los recientes comicios regionales, evidenciando un escenario político fragmentado y sin fuerzas dominantes.
Según datos preliminares del Tribunal Supremo Electoral, siete de las nueve regiones quedarán en manos de autoridades alejadas del oficialismo. Aunque Paz no cuenta con un partido propio, logró apoyo en La Paz y Beni, mientras otras regiones clave quedaron bajo control opositor.
Uno de los resultados más significativos se dio en Santa Cruz, la región más influyente del país, donde se impuso un gobernador cercano al expresidente Jorge Quiroga. En contraste, el Movimiento al Socialismo (MAS), liderado históricamente por Evo Morales y Luis Arce, solo logró retener Cochabamba, donde ganó el dirigente Leonardo Loza, alineado con Morales y crítico del gobierno actual.
La derrota más inesperada para el oficialismo ocurrió en Tarija, bastión político del propio presidente, donde una candidata opositora se impuso en segunda vuelta. Este revés subraya las dificultades del gobierno para consolidar apoyo incluso en sus territorios más cercanos.
Desde su llegada al poder en noviembre, Paz ha debido enfrentar una compleja coyuntura económica, marcada por problemas en el abastecimiento de combustible y tensiones sociales. Diversos sindicatos y organizaciones mantienen una postura crítica frente a sus reformas, lo que ha derivado en protestas y presión constante en las calles.
Analistas coinciden en que el nuevo mapa político abre una etapa de mayor pluralismo. La politóloga Jimena Costa señaló que Bolivia deja atrás la concentración de poder que caracterizó al MAS durante casi dos décadas, dando paso a una dinámica más diversa que exigirá mayores consensos para la gobernabilidad.




