Los grandes festivales de música continúan siendo uno de los principales atractivos turísticos del verano en Europa. Miles de personas viajan cada semana para asistir a conciertos y eventos que reúnen a artistas internacionales en distintas ciudades.
Además de ofrecer espectáculos para el público, estos encuentros generan un importante movimiento económico para hoteles, restaurantes, comercios y empresas de transporte.
Las ciudades anfitrionas aprovechan la llegada de visitantes para promocionar otros atractivos turísticos, lo que amplía el impacto económico más allá de los días del festival.
La recuperación del sector de los espectáculos en vivo ha permitido que este tipo de eventos vuelva a registrar cifras de asistencia similares e incluso superiores a las de antes de la pandemia.
Especialistas del sector consideran que la combinación de turismo, música y gastronomía seguirá consolidándose como uno de los motores más importantes de la economía cultural en distintas regiones del mundo.





