El Frente de Sindicatos Unidos calculó que una familia necesita $2.802.755 para “vivir dignamente” en Argentina, una cifra que duplica las referencias oficiales y vuelve a mostrar el impacto de la inflación sobre alimentos, alquileres, servicios y gastos básicos.

Vivir en Argentina se volvió cada vez más caro y los números vuelven a encender las alarmas. En medio de una economía golpeada por la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, gremios argentinos fijaron un nuevo piso de ingresos para cubrir una vida digna: casi $3 millones mensuales.

Según publicó El Cronista, el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) difundió una nueva Canasta Básica del Trabajador y estableció que una familia necesita $2.802.755 al mes para poder vivir dignamente en el país vecino. El dato marca una diferencia fuerte con las referencias oficiales, ya que la canasta básica total del INDEC se ubicó en $1.434.464 para una familia tipo.

La brecha refleja una realidad que golpea todos los días a los hogares: los precios suben, los salarios quedan atrás y cada gasto cotidiano se vuelve más difícil de sostener. Alimentos, transporte, alquileres, servicios, educación y salud forman parte de una estructura de costos que cambia constantemente y que deja a muchas familias haciendo cuentas para llegar a fin de mes.

El informe aparece además en un contexto de inflación persistente. La publicación se conoció después de que se informara una inflación mensual del 3,4%, un dato que incluso el presidente Javier Milei calificó como “malo”. Aunque el Gobierno argentino insiste en mostrar una desaceleración respecto de los peores meses de la crisis, para los trabajadores el problema sigue siendo concreto: ningún precio parece estable y el ingreso pierde capacidad de compra frente a gastos que no paran de aumentar.

Desde los gremios advierten que las paritarias corren por detrás de la inflación y que los aumentos salariales no alcanzan para recomponer lo perdido. Por eso, la canasta difundida por el FreSU busca mostrar no solo cuánto se necesita para no caer bajo la línea de pobreza, sino cuánto cuesta realmente sostener una vida con condiciones mínimas de dignidad.

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