Las llamadas “cholitas skaters” se consolidan como una expresión de identidad cultural y empoderamiento femenino en Bolivia, donde combinan el uso de vestimenta tradicional con la práctica del skate en espacios urbanos.
Este movimiento se desarrolla principalmente en La Paz y El Alto, y reúne a mujeres que decidieron integrar sus raíces indígenas —como la pollera, el sombrero bombín y las trenzas— con una disciplina históricamente dominada por varones. La propuesta no solo es deportiva, sino también simbólica.
Uno de los colectivos más representativos es ImillaSkate, surgido en Cochabamba en 2019. Su objetivo es fomentar el skate entre niñas y jóvenes, al tiempo que promueve valores como la inclusión, el respeto cultural y la construcción de comunidad.
Las integrantes destacan que el uso de la pollera, lejos de ser un obstáculo, es una forma de reivindicar su identidad. Históricamente asociada a la discriminación, esta prenda se resignifica como símbolo de resistencia y orgullo en un contexto urbano y contemporáneo.
Más allá del deporte, el movimiento impulsa acciones sociales y educativas, además de proyectos como la creación de espacios adecuados para la práctica del skate. Así, las cholitas skaters no solo desafían estereotipos, sino que amplían el alcance de la cultura y el rol de las mujeres en el espacio público.




